Cómo Transformé Mi Vida Con La Psiconutrición Y El Mindful Eating

He pasado por lo mismo que tú. NO estás sola.

Cuando me paro a pensar como llegué a pesar 130 kilos, no me resulta muy difícil llegar a la conclusión: llegó un momento en mi vida que, por circunstancias, empecé a comer de manera compulsiva.

¿Qué es esto?

Pues podría decir que desde comer sin tener hambre, a comer por aburrimiento, pasando por comer para calmarme o llenar un vacío.

Sea cual sea el motivo, todas tenían un detonante en común, y era esa sensación de pérdida de control.

Me sentía como si la comida me dominara, como si no fuese capaz de decir que no, como si no mereciera la pena cuidarme.

Llegó un momento en que estaba desbordada, no sabía qué hacer con esta situación; sentí que no iba a ser capaz de salir de ahí nunca.

Para todos es sabido que la obesidad tiene consecuencias a nivel de salud (diabetes, hipertensión, colesterol, problemas cardiacos, huesos, reducción de la movilidad…), pero a día de hoy me queda la duda de si se conocen realmente que consecuencias tiene a nivel personal, social y emocional.

Por mi parte, y gracias a Dios, a nivel de salud estaba bien (aunque se que tarde o temprano esos problemas estaría presentes); no tenía diabetes, no tenía ni hipertensión ni colesterol…cierto es, que ya empezaba con dificultades a la hora de caminar, de moverme, de vestirme… sin embargo, todas las demás áreas estaban tocadas; a nivel personal me volví una persona apática, nunca tenía ganas de hacer nada, mi actitud era de una persona derrotada.

Iba por la vida dejándome llevar, sin querer enfrentarme a nada, sin querer tomar decisiones.

Creo que podría decir que por ese camino dejé parte de mi esencia.

A nivel social dejé de salir de casa, siempre tenía una excusa para no salir, no me apetecía conocer a gente nueva ni que nadie se me acercara

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. La única razón que ahora sé porque lo hice es que no me quería sentir rechazada, de esa manera si me quedaba en casa ese sentimiento desaparecía.

Años más tarde, entendí que de esa manera a la única que rechazaba era a mí; sin embargo, siempre he pensado que la culpa la tenía yo.

Ahora entiendo que es verdad que había algo en mi, pero no solo yo determino mis relaciones sociales, los demás también están ahí (te juzgan, opinan…).

A nivel emocional creo que ha sido la parte más reveladora; me he dado cuenta de la función que la comida tenía en mi vida: llenar un vacío, evadirme, dejar el sufrimiento a un lado, evitar el aburrimiento…

He utilizado la comida para gestionar mis emociones; me las estaba comiendo sin saber muy bien qué hacer con ellas, pensado que así era lo correcto. Darme cuenta de todo esto, me ha enseñado a poder conocer mis emociones y saber qué hacer con ellas; pero sobre todo a no sentir culpa por no saber hacerlo.

Me he pasado años luchando con la comida, haciendo dietas, restringiendo, frustrándome, culpabilizándome, perdiendo kilos, ganándolos… muchos años pensando que era persona que no tenía fuerza de voluntad, que no podía controlarse, que no era válida…

Me ha costado mucho llegar a entender que la solución no era ponerme a dieta y hacer ejercicio (aunque admito que es parte del proceso); si no que debajo de la comida hay algo más, hay más problemas, la comida es un intento de solución, era mi manera de gestionar mi vida (mis emociones, mis sufrimientos, mis vacíos…)

Es verdad que durante muchos años me he sentido muy culpable por haber llegado a ese límite, me he sentido responsable y me he sentido que no me merecía nada.

Gracias a Dios, con los años he entendido que lo hice de la mejor manera posible. Pasé por momentos difíciles que yo los gestioné comiendo con la esperanza de que eso me ayudara a no sufrir y no enfrentarme a esas situaciones; ahora entiendo que era una manera de aliviarme, de calmarme y de evadirme. La comida no era un problema, el problema estaba detrás.

De todo esto no me he dado cuenta sola, no ha sido un camino fácil; acudir a terapia fue la mejor decisión que yo he tomado; pedir ayuda a profesionales también.

Han sido años de esfuerzo que, a día de hoy, siguen siéndolo, pero sin duda, merece la pena.

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