Mi propia experiencia

Que mejor manera de empezar este bloque de “Experiencias Personales”, que contando la mía propia. Como ya sabréis soy Cristina, tengo 29 años y llegué a pesar 132 kilos. En el momento en que te pones a pensar en “como he llegado yo a este peso” te viene a la cabeza de todo y a la vez nada. Ahora con casi 60 kilos menos, veo millones de respuestas a esa pregunta, sin embargo, en su día no las veía o , mejor dicho, no quise verlas. Siempre he sido una chica a la que le han sobrado kilos, siempre he estado intentando hacer dietas y siempre he fracasado, siempre he perdido kilos y los he vuelto a recuperar… No sabría decir un momento en mi vida en el que pensé “como me estoy poniendo”, fue algo más de ir cogiendo kilos poco a poco, cada año que pasaba igual pesaba 10 kilos más. Era de las que pensaba “a mi no me sobra tanto, yo me pongo a dieta y me los quito de encima”, o también me proponía acabar el año con cinco kilos menos y acababa pesando ocho más, sin embargo no me estaba dando cuenta que ya me estaban empezando a sobrar 20-25 kilos y no era tan fácil.

Ahora hecho la vista atrás, y dándole respuesta a la pregunta de antes pienso: era una persona que me pasaba casi 24 horas comiendo, igual las cantidades a la hora de almorzar o cenar, no eran excesivas, pero era un continuo picoteo, era una persona que tenía un auténtico descontrol con la comida: no desayunaba como tal (porque para mí un desayuno era un vaso de cocacola light y, a lo mejor, dos tostadas con mantequilla y, por supuesto, comer hasta la hora de almorzar), no hacía 5 comidas (hacía muchas más), la rapidez con la que comía era sorprendente.

Para mí la comida era una excusa para todo: estaba triste comía, estaba aburrida comía, estaba alegre y también comía… Quizás estaba tapando los problemas que tenía en mi vida personal con la comida, y yo no quería darme cuenta. Por suerte o por desgracia, la sociedad de hoy en día no ayuda mucho, ya que al final nuestro ocio, en muchas ocasiones, se reduce a comer y beber (por supuesto no es echar las culpas a la sociedad, pero es un factor más a tener en cuenta). Ni que decir, que llevaba una vida completamente sedentaria: no hacía nada de ejercicio, a cualquier sitio iba en coche, me pasaba las tardes en casa tirada en el sofá (o mejor dicho, de la cocina al sofá y del sofá a la cocina)… y si con esas, me quise dar cuenta del problema que me estaba echando a la espalda. Con el tiempo te das cuenta en la cantidad de problemas colaterales que surgen con la obesidad: pierdes muchas relaciones sociales, prefieres quedarte en casa a salir, llegan problemas de autoestima, de seguridad en ti misma, empiezas con los problemas de movilidad, te duelen las rodillas, empiezas a tener problemas en las tareas más cotidianas como atarte los zapatos (el problema es que te crees que es el zapato el que no está bien), e incluso, no llegas a caber en las sillas (mi padre me decía: “no te das cuenta que no cabes en el coche” y yo, con muy mala leche, respondía: “anda papá no seas exagerado”)… y así, podría estar nombrando problemas toda la vida. Tengo que decir, que de todas estas cosas yo me di cuenta una vez que me quité los kilos de encima, cuando tenía ese sobrepeso, no quise hacerlo, nunca pensé que fuera para tanto; pensaba que el problema lo tenían los demás, no yo.

Le das la espalda al problema, no quieres verlo, todo el mundo a tú alrededor lo está viendo y lo está pasando mal, pero tu no quieres, y cada vez que se saca el tema te pones a la defensiva. No quieres hacerle frente a lo que te está pasando, aunque esto no quiera decir que tú no lo pases mal y sufras,  pero, sin quererlo y sin ni siquiera darte cuenta, te plantas con 27 años, pesando 132 kilos y una vida entera por delante. Y piensas, ¿qué estoy haciendo? ¿Porqué no me he dado cuenta antes? Es ese momento en el que decides coger el toro por los cuernos y ponerle solución; ¿porqué? porque quise, así de fácil. Sino queremos, vamos a encontrar millones de excusas.

Es importante ponernos en manos de profesionales, ya sabemos lo importante que es una buena alimentación y hacer ejercicio físico, pero es igual de importante, sino más, poner la cabeza en orden. En mi caso nutricionista, endocrino y, por supuesto, psicólogo, entre otros. He aprendido que no se trata de estar a dieta y de hacer ejercicio, ojalá fuese así de fácil, se trata de cambiar hábitos, de cambiar tu vida. Es un camino largo, es un camino donde hay altibajos, pero es un camino, que sin lugar a dudas, merece mucho la pena.Por lo tanto, ¿Qué mejores manos que las mías para ayudaros en este camino para enfrentarse a la obesidad?

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